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domingo, 1 de abril de 2012

NIÑOS EXPLORADORES




¿Tiene algún sentido esperarte y buscarte?
Creo que ya llegó la hora de dejar de pensar en vos.

Dicen que escribiendo mato las polillas de mi mente. Quizás de este modo las alimento.
Quiero dar amor y necesito darlo y recibirlo, pero no me siento capaz de eso.
 ¿Qué hace la gente con mil pesos prestados? Quizás muchas cosas, o más bien los lance por la ventana sin importar la razón. Bien sabe el cantor cuantas baladas necesita su china. Yo por lo pronto no tengo cantor y no soy la china de nadie. La necesidad hace al artesano: Yo fabrico sueños. Tal vez sea el momento de volar y soñar o definitivamente dejar de creer en tonterías o grandezas inalcanzables. Es más fácil conseguir mil pesos prestados que tu amor.
Los niños exploradores son un fracaso en este país: sólo me enseñaron a recolectar hojas y ramas para hacer una fogata. No me enseñaron a recolectar esperanzas, sueños ni amores. 
Tenía un amor y lo perdí(o él me perdió a mí) ¿Y los sueños? Los tengo pero en un baúl lleno de tierra, la razón no la sé y tampoco sé si quiero encontrarla.

Imagino otra vida, otro lugar, otro destino, pero bajo ningún punto de vista dejar de buscar felicidad.
Sigo insistiendo que los niños exploradores no me enseñaron a recolectar sueños, suerte, amores. Me enseñaron a recolectar frutos, hojas: la naturaleza es cruel a veces. La perspectiva me deja algo en claro: el que recolecta debe primero sembrar. Eso de comprar terrenos en mera oligarquía. Y no me gusta el amor oligárquico, una especie de cultura afirmativa.
Si siembro amor, recolecto amor o bien puros odios o rechazos. Si siembro suerte, ella empieza a volar por el aire. Si recolecto odio ¿es porque sembré amor? O bien el poco suertudo me odia por no haber podido arrebatarme la suerte.
Es una situación complicada querido lector. Pareciera que todo gira en torno a la suerte o el amor.
La rareza yace en el baúl de los días típicos.  

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