En un punto esa nada se
tranforma en un todo que no existe
y penetra en la sensacion de escaparse
hacia la falta de sinceridad.
Cuando querer estar en dos lados a la
vez no es posible
(por falta de un teletransportador)
Al bajar a tierra se encuentra un
mundo sencillo pero a la vez complicado
donde los seres humanos se rigen por
conveniencias y beneficios propios
y uno elige una y otra vez mal
y tres veces y veinte y mil
y se da cuenta que el afecto lo está
buscando en un lugar equivocado
donde la sonrisa de un niño y su pedido de abrazos
lo hace más feliz que poner “me
gusta” en una foto digital
Sólo hay muros de Berlín atravesando la calle del corazón
entonces, resurge una duda enorme donde
uno se siente desplazado,
poco considerado
y se da cuenta que un título o un
determinado cargo
ponen a la persona en otro lugar, en otro
punto
y el que uno creía que estaba
equivocado en realidad tenía razón.
El sol del veintitrés me concedió una luz .
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