Acércate al
cristal y observa lentamente como se atreve a imitar tu silueta. No
te sientas reprimido frente a un cristal por momentos malévolo o
distante, puesto que vales mucho como para hacerlo.
Verás que te dice innumerables cosas al reflejarte todos los días, pero no
sientas que el miedo te absorbe porque tus sentimientos deben ser
fuertes para superar tal abominación de un sujeto tan atrevido.

El espejo, muy
descarado, te increpa con su presencia. No te sientas preso, es como
un juego llevadero de la cotidianeidad.
No es un hermoso
cristal que está para sumirse entre nuestros cuerpos sino que nos
observa y cuestiona todo el tiempo. Te repito, acércate y abre bien
tus ojos verás delante tu propio reflejo. Luego, pon tu
mano sobre el vidrio a fin de notar su semblanza a lo lejos.
Aniquílalo con tu rostro pues él también tiene debilidades
ocultas. No dejes que te gane sólo por su presencia material.
Por último,
olvídate de ese sinuoso objeto que te ha cuestionado y espera a la
mañana siguiente para mirarlo de nuevo.
Y sin entrar en pánico ante el espejo avanza con la certeza de que ningún
descarado podrá robarte la belleza de tu rostro. Ahora, atrévete a
increparlo tú, veraz que tu persona se siente más fuerte ante tal
imitación matutina. Despídete ahora de él y saluda su semblanza al
alejarte.

No hay comentarios:
Publicar un comentario