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martes, 6 de marzo de 2012

JAULAS DE ORO



Las jaulas de oro, cárcel de los sueños e ilusiones de pájaros perdidos sin su canto. Jaulas vacías de romance, con sus barrotes, vacías de todo pájaro cantor por la falta de amor entre hombres y mujeres. Junto a ellas se acercaron también los cepos y las horcas, compañeras de tortura de las personas esclavas de los poderosos, porque el alcalde había abolido la esclavitud y la pena de muerte.
Como queja de semejante alboroto metálico, se acercaron a la plaza principal los sujetos esclavos. Pues no estaban conformes con la resolución del alcalde. Ellos habían sido torturados toda su vida y no habían podido hacer otra cosa porque su libertad vivía para los poderosos.
Ese día hicieron un terrible alboroto metálico y humano, provocando que el alcalde despertara de la siesta. Salió al balcón y observó que todos reclamaban: por un lado, los cepos, las horcas, y las jaulas del romance por su desempleo, por el otro, los sujetos esclavos por sus condiciones de vida.
Los sujetos metálicos, pedían un equivalente a cuarenta años de trabajos forzados. El alcalde, se veía en un aprieto porque había abolido la esclavitud y garantizado su validez a los humanos del pueblo.
 Los gritos eran cada vez más altos y turbulentos, y él seguía sin decir nada.
El alcalde quedó anonadado frente a tanto alboroto al cual no sabía qué responder. Su mirada quedó fija entre todos los sujetos (metálicos y antiguos esclavos). El pueblo seguía alborotado y el alcalde no pudo decidir a tiempo, porque ellos decidieron por él a la fuerza por sus necesidades y reclamos. Ese día, el pueblo se deshizo del alcalde y con éste de su poderío e indecisión: degollado por la horca, apresado por los cepos, y custodiado por los antiguos esclavos, terminó su mandato y, de esta manera, la ciudad empezó una nueva vida lejos del alcalde y sus mandatos.

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